Mostrando entradas con la etiqueta joroba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta joroba. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de febrero de 2011

Oda a La prensa o presunto animal asesino (y creo que joroba IV)



Hoy, en medio del valiente hartazgo árabe en Egipto, del ¿grave alcoholismo? de Felipe Calderón que ofende mucho a los petistas (por lo cual intuyo que también tienen graves problemas de alcoholismo), de la situación racistoide de la BBC y los mexicanos estereotipo llorones que creen que la política exterior es reclamar ofensas, de la campaña partidista de bajo perfil que lleva a cabo Fernández de Cevallos -hoy corista de ZZ Top-, de la tormenta Monstruo en Chicago que hoy tiene cautivas a dos buenas amigas, de Chihuahua congelado y del increíble viaje gonzo de Miedo y asco en Las Vegas; es decir, en medio de un auténtico fin del mundo según los periodistas, me topo con una extraordinaria portada de un extraordinario periódico de mi Ciudad, La prensa.
En un primer vistazo parece que la imagen predominante, el gran camello, ilustra la rebelión egipcia o, incluso, los granadazos de inconformidad de los beduinos contra el cuartel de seguridad de Sinaí, pero no. Una gran sorpresa lamentable: la sospecha de que uno de los dignos rumiantes del Circo Hermanos Vázquez mató de una patada a la supuesta hermana Vázquez de 65 años de edad. Siguen las investigaciones forenses porque también se habla de un cuadro de fallas respiratorias que presentaba la señora; el camello, toda serenidad arabesca, espera su sentencia o la disculpa pública, no importa. Lo que me tiene conmovido, le recuerdo al amable lector, es simplemente la portada y, particularmente, la síntesis del encabezado:

"Por susto o golpe, camello provocó deceso de la hermana de los dueños de circo; hay consternación de acróbatas y payasitos"

¡Viva México ad nauseam!


jueves, 26 de agosto de 2010

joroba III, el Misterio



César Vallejo publicó, gracias a los entusiasmos y un poco del dinero de Antenor Orrego -un filósofo y periodista peruano de nombre muy misterioso que quiso conformar una Bohème en Lima-, Los heraldos negros en 1919 con muchos y demasiados problemas financieros... Es decir, casi no publica esos heraldos ni nada. En fin, sólo los críticos lo leyeron y comenzaron a tender sus puentes desfachatados con el simbolismo, el dolor andino y otras desfachatanerías posibles y probables (aquí no desmentiré nada de nadie). No importa.

Al final de ese poemario, largo, gozoso, firme y cansado, está un título muy sobado por su autor -lo podría apostar sentado, con el poema terminado, pensando con su lápiz tamborileando en el papel, desarrollando líneas inconexas de palabras mientras escuchaba hablar a un loro vecino-, pero muy secreto para todos: "Espergesia", del que se ha dicho mil y una extravagancias: que si esperma, que si genética, incluso en inglés la interpretan como "the addition of words to clarify meaning". No importa.

Dentro de ese poema hay preciosuras tales como un dios enfermo, una esfinge preguntona, algunos años acumulados, un vacío de aire metafísico, una flor de fuego, vida, muerte, lindes y Lindes (Llindes en asturiano, una parroquia construida en honor a santo Tomás, en la que viven no más de 75 personas, según censos muy serios en Asturias) y un puñado de luyidos vientos. No importa.

Lo que aquí mencionaré, dándole cierta importancia, es que hay una pequeña joroba "musical y triste" que define y nos orienta en el magma milagroso de Vallejo. Es gracias a esa joroba, el Misterio, que sabemos de qué se trata todo.

"Espergesia" es un poema que habla por sí mismo hermosamente. Me atrevo a desmenuzarlo de manera espantosa para revelar la importancia de la jorobita:

Yo, poema, nací un día que Vallejo, mi Dios particular, estuvo enfermo... grave. Tengo un aire metafísico que no me hallo. Hermano, lector, escucha, todos saben que mastico con mis versos chirriantes, que vivo sin acompletarme nunca y mientras me escriben alumbro poco y ensombrezco demasiado a quien me lea y crea. El Misterio es mi final, porque no puede ser, sencillamente es un paso sobre un posible límite que además es infinitamente imposible, como ir de la linde de una hoja a una parroquia lejana que nadie recordará jamás. El Misterio es la joroba, el hemistiquio y los acentos, la cara ortográfica avejentada e inútil, la regla y la sílaba, la esclavitud de la inspiración que denuncia -miradlo todo, ningún hermoso final- el delgado paso de la muerte entre lo físico y lo espiritual. La joroba es la que me ata y me materializa y hace posible tu largo suspirar al verme, al sentir que sientes, al creer que entiendes si me lees, al saber que lo sabes, es el laboratorio de la alquimia poética.

No importa. Es parte de esta intensa antología y el Divino César Vallejo tiene la palabra:

Espergesia



Yo nací un día 

que Dios estuvo enfermo.



Todos saben que vivo, 

que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.

Pues yo nací un día 

que Dios estuvo enfermo.



Hay un vacío

en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.



Yo nací un día

que Díos estuvo enfermo.



Hermano, escucha, escucha...

Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,

sin dejar eneros.


Pues yo nací un día

que Díos estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,

que mastico... Y no saben

por qué en mi verso chirrían,

oscuro sinsabor de féretro,

luyidos vientos

desenroscados de la Esfinge

preguntona del Desierto. 

Todos saben... Y no saben

que la luz es tísica,

y la Sombra gorda...

Y no saben que el Misterio sintetiza...

que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.



Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,

grave.



En la fotografía: César Vallejo sonriente, inédito, brindando por el Misterio en lo que parece ser una fiesta parisina a todo dar.

jueves, 1 de julio de 2010

joroba II, jo fut tal mudh Alá



Francisco Gabilondo Soler, conocido geógrafo veracruzano y matemático obsesivo; tomado como gran astrónomo por construir un observatorio con sus propios medios en Tultepec para las prácticas de los aficionados de la Sociedad Astronómica Mexicana, de la que fue miembro y generoso benefactor; y buscado por el Colegio Nacional debido a su calidad de políglota empedernido, compuso, inducido por el genio del insecto ortóptero (conocido como Cri cri) que le cantaba las canciones, hacia finales de los años 50 una fantasía arabesca que siempre merece la pena apreciarla hasta sin la extraordinaria composición musical, que engalana desde ahora esta antología malpuesta:


Por el desierto / un pobre camello pasó, / "jo fut tal mudh, Alá".

Iba sediento, cansado, / muerto de calor, /"mar fah geet, Marajhá".

Pero por suerte no lejos de allí, / unas palmeras lo vieron venir, / y lo llamaron a voces / diciéndole así:

“Si es que tú quieres beber, / si tú quieres descansar, / pues no dejes de venir acá. /fiu fiu / Además has de saber / que te quiere conocer / cuanto antes nuestro Gran Sultán: / solitario y quejumbroso / el turbante lo fatiga, / pues no tiene más negocio / que rascarse la barriga.”

“¡Jorobita, por favor, / ven a ver al buen Sultán / y aquí ya no tendrás más calor!”

Dando traspiés en la arena / despacio avanzó. / "darmahedd sbahar". / Iba sacando la lengua, / y se tambaleó… "Aleh bani fari jafat sija reb Spareb jarabtttt"

Y las palmeras, a todo correr, / desde el oasis salieron por él, / pues el cansado camello se iba a caer.

A la sombra del jardín / el sultán Baluk Salim / en la boca le sirvió un ice cream. / El desmayo fue fugaz, / y el camello muy voraz / despertó para pedirle más.

“Como a mí me sobra esbacio, / si usted quieres consentir, / te regalo mi balacio / todo entero bara ti.”


Y a la diestra del sultán, / sentadito en un diván, / Jorobita se quedó a vivir.


"Jorobita". Más canciones del Grillito Cantor, 1958.



lunes, 7 de junio de 2010

joroba I




Esta selección que hoy comienzo pretende ser una antología literaria de las jorobas, en las que se hallará cobijo, dolor y una firme impostura para hacerle frente a este ajetreado mundo actual. Comienzo con la joroba que desató en mí esta necesidad de hacer un florilegio deforme de las corcovas letradas.

Sobre el fragmento:
Estamos frente al incipiente nacimiento del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, Oskar Matzerath y su tambor de hojalata inventan la historia de Danzig desde su mirada enana e insignificante. De pronto, ambos personajes, se acercan a una tribuna a escuchar lo que tenían que decir los emisarios de una raza soberana.



Löbsack tenía ingenio, sacaba todo su ingenio de la joroba y llamaba a la joroba por su nombre, porque eso siempre gusta a la gente. Antes perdería él su joroba, afirmaba Löbsack, que llegarían los comunistas al poder. Era de prever que no perdería la joroba porque la joroba no se podía mover, y en consecuencia la joroba tenía razón y con ella el Partido... De donde se deduce que una joroba es el fundamento ideal para una idea.

Günter Grass, Die Blechtrommel (1959)